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Con total seguridad me tacharán de vesánico, demente o alienado. Adelante, no pienso permitir que la dictadura de la homogeneidad, la uniformidad y el totalitarismo mediático me arredren lo más mínimo. Y es que con temas claves como éste podemos apreciar sin temor a equivocarnos que el pluralismo, la diversidad de criterios o el propio matiz ideológico inherentes a los medios son mera fachada.

Ese tema clave en la agenda de los medios —y utilizo el singular sí, porque en realidad sólo hay una agenda— es el apagón analógico y la llegada de la TDT. Me he cansado de escuchar expresiones tan manidas que exaltan las bondades de la Televisión Digital Terrestre como el aumento de la oferta, la mejora en la calidad de la imagen o la interactividad, por citar las tres virtudes más empleadas. “La TDT es más servicios, mejor calidad, más canales”, aclaremos a qué se refieren nuestras autoridades:

Aumento de la oferta: incremento progresivo de la mierda por todo el espectro radioeléctrico.

Mayor calidad de la imagen: no es fruto de la digitalización, sino de la necesaria puesta al día de las instalaciones colectivas. En igualdad de condiciones de recepción y distribución, la calidad de imagen de un programa emitido en digital es menor que la de ese mismo programa emitido en analógico. Sólo nos basta con comparar la recepción convencional y la recibida por vía digital para apreciar que esta última se caracteriza por una pérdida de detalle y unos colores más apagados. El motivo principal no es la digitalización propiamente dicha, sino otro proceso que la acompaña, denominado compresión. Es lo que permite meter al menos cuatro canales donde hasta ahora cabía sólo uno. La compresión consiste en eliminar de la imagen la información redundante o considerada inapreciable a simple vista, a fin de que el volumen de datos a transmitir sea menor. El decodificador de TDT se encarga de descomprimir, o reconstruir, la imagen original. Pero en una compresión eficiente se descarta necesariamente información, y esa información descartada es la que causa la pérdida de calidad visual. Por si fuera poco, la transmisión digital es más sensible a las condiciones de recepción extremas.

Aprovechamiento de los nuevos servicios que permite la TDT: entre ellos el que nos ocupa, la interactividad, que es prácticamente testimonial. Con la TDT podríamos estar hablando de guías de programas avanzados, servicios interactivos complejos y útiles, teletexto digital, acceso a Internet, sistema de pago por visión o visión multicámara. Y no creo equivocarme si lo único que tengo en mi flamante televisión son canales de radio.

Lo de arriba es una crítica aceptada, cosa no muy habitual en mí, pero la he considerado necesaria para ilustrar un poco lo demagógico y populista del discurso de las autoridades. Perdonen este lapsus pero antes de ponerse a torear hay que probar al toro por ambos pitones, tranquilos que ahora me echo la muleta a la mano izquierda.

Todavía no salgo de mi asombro después de asistir al despliegue colosal que se ha llevado a cabo desde las instituciones, al ejercicio divulgativo pergeñado por organismos creados al uso o a la terrible maniobra propagandística auspiciada por los medios de comunicación. Una conclusión parece clara, y es que los ciudadanos que creíamos estar desvalidos ante cualquier eventualidad ahora nos damos cuenta de que el sistema se preocupa por nosotros.

Se me antoja cuando menos desmesurada la dimensión del proyecto acometido y exorbitante la suma invertida. ¿Conocen a algún vecino que le importe si su televisión no tiene sonido envolvente tipo CD?, ¿hay alguna persona de a pie preocupada por la implantación de la televisión digital terrestre? Ellos, por el contrario, parece que estuvieran realizando un proyecto en el que les fuera la vida. ¿Y quiénes son ellos?, ¿quién ha financiado toda esta pavorosa “digitalización”?

El Estado ha pagado enormes sumas de dinero para que tengamos “menos interferencias, menos nieve en la pantalla y un sonido de TV envolvente tipo CD”. Sin que sirva de precedente, el estado toma un papel activo en un asunto, acomete un proyecto en tiempo récord y le trae al pairo las inversiones que tiene que realizar. A cuento de qué, se preguntarán ustedes. Les soltaría una teoría conspiranoica aquí debajo, pero prefiero que lleguen a sus propias conclusiones y no se vean influenciados por las filias y las fobias del que esto escribe.

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