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Conversaciones superpuestas, entrecortadas, irregulares, en las que prima básicamente la potencia vocálica de sus autores como forma de prestigio y distinción en la manada. Voces deslenguadas, groseras y soeces; aullidos sangrantes para los oídos que asisten sobrecogidos a este ceremonioso ritual de la degradación, a esta exaltación gratuita de la vacuidad, a este festival sin par del adocenamiento colectivo.

Es una noche cualquiera de jueves, viernes o sábado en uno de los pubs de moda de tu ciudad. Esos antros infectos albergues de toda ralea —en ese aspecto puede considerarse que se ha avanzado en la tarea democratizadora de los gustos de los jóvenes, sólo que en la democracia de la mediocridad y el patetismo—, lugares de peregrinación para los fieles adláteres en el credo de la vaciedad, adeptos de la secta del buen rollito, versados en la técnica de la superficialidad, maestros en la fachada y el engaño, verdaderos gurús de la frivolidad y la mentira.

Parroquianos para los que estos zulos, dignos de la añorada ETA, son vitales en sus relaciones, que se resentirían y quedarían condenadas al ostracismo de no existir, ya que la posibilidad de que alguien se rebele y salga a vivir su libertad por iniciativa propia me resulta ilusoria, porque el concepto de inmigrantes es más amplio del que nos han hecho ver, esos negros, ajenos a la ideosincracia de la tribu, no merecen la menor consideración por parte de sus miembros. La endogamia es una de las grandes lacras de nuestro tiempo, que, como se habrán dado cuenta, no aparece en la lista que elabora periódicamente el CIS. Necesarios e imperantes igualmente para sus vidas sociales, esa denominación perversa naciente en el seno de vaya usted a saber qué laboratorio de ingeniería social avanzada, que de otra manera perdería el sentido corruptor del término.

Jóvenes y no tan jóvenes —porque la subnormalidad no conoce de edad— que viven con el único anhelo de pasar sin más pena que gloria la despótica semana habitual, llena de disgustos y contrariedades, cargada de falsedad y de apariencia, que han elegido para sí. Pero no teman, hoy es jueves noche y a las almas se las puede ver soliviantadas contra ese poder tiránico que determina sus vidas, que hasta entonces había oprimido sus voluntades, y se pronuncian de la única forma que saben hacerlo: pillando una buena mamada.

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