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Mi querida Roswitha,

Conociste la gloria en los 70 como musa del destape, mito de millones de españoles encandilados de tu belleza. Diosa del erotismo, interpretaste más de cien películas. Hoy te encuentro sola y olvidada por todos en algún camino perdido vagando sin rumbo, tu gloria de antaño cabe en una pequeña maleta. Pero tu mirada aún me sigue intimidando. Por eso, mi querida Nadiuska, hoy quiero recordarte.

Naciste el 19 de enero de 1952 en Schierling (Alemania). Te pusieron por nombre Roswitha Berta Honczav, eres hija de un ruso y una polaca. En tu juventud viajaste por medio mundo como componente de un ballet. A los 15 años te uniste a un hombre rico, de origen judío, 30 años mayor que tú, del que tuviste dos hijos que murieron de leucemia. Te persiguió la desgracia desde muy joven como ves, quizás como el anuncio de lo que estaba por venir.

En 1971, con un pasaporte de apátrida, apareciste en Barcelona. Tuviste distintos trabajos hasta que José Antonio de la Loma te ofreció un papel en “Timanfaya”. En noviembre de 1972 conociste a Damián Rabal, que te convirtió en la musa del cine erótico. Películas como “Lo verde empieza en los Pirineos”, “Manolo la nuit”, “Soltero y padre en la vida”, “La amante perfecta”, “Dos hombres en mitad de dos mujeres” y “Cheril” son algunas de tus películas de esta época.

Para conseguir la nacionalidad, el 26 de mayo de 1973 te casaron con Fernando Montalbán Sánchez, un chatarrero deficiente mental de 28 años, que aceptó a cambio de 3000 pesetas, “un traje casi nuevo” y un anillo de oro. Asistieron dos invitados a tu boda soñada: Damián Rabal, tu mánager (maldito el día en que le conociste), como padrino, y una sastra de cine, Rosa García, en el papel de madrina. El 16 de diciembre de 1980 obtuviste la nulidad de tu matrimonio.

Rotas tus relaciones profesionales y sentimentales con Rabal, mantuviste varios romances que no llegaron a fructificar. Alejada del cine, en 1988 te dedicaste al diseño de bisutería. Posteriormente declaraste: “Estuve a punto de tirarme por un balcón”, seguro que te hace recordar a una vieja amiga, sólo que a Sandra la suicidaron. En diciembre de 1999, arruinada y en el olvido, fuiste ingresada en un psiquiátrico madrileño. Han sido continuos tus ingresos en este centro, cuando no estás en él o en cualquier otro malvives en algún hostal de mala muerte y cuando no tienes esta suerte lo haces en la puta calle.

Me cuentan que fuiste una amante como pocas, desprendida, te dabas por entero al amor cuando efectivamente creías en él. Una vez te enamoraste realmente. Quiero decir, que te enamoraste de verdad, no me seas malpensada. Nunca sacaste jugo de esta relación y jamás pediste nada a cambio, únicamente ser correspondida de la misma manera en que te entregaste. Te costó caro este reclamo. Te amenazaron con negarte el trabajo, algo que parecen haber cumplido. Anduviste de hotel en hotel, escondiéndote de esas personas, acabaste gastándote todos tus ahorros y ante la imposibilidad de encontrar trabajo recurriste a la caridad y a los cubos de basura como último refugio.

Sé que todavía vives con miedo y, pese a lo que puedan decir, no estás loca. Con todo lo que te ha pasado es normal que hayas enfermado, pero apuesto a que sigues teniendo una lucidez envidiable. Tu único pecado resultó ser tu belleza, y fue ésta la que llamó la atención del personaje más cruel y con menos escrúpulos de este país.

Eres una persona bondadosa, aparte de sociable, cariñosa y muy altruista. Me dicen que en una de tus estancias en el psiquiátrico repartiste dulces a todos los enfermos con motivo de las fiestas navideñas. Has tenido mala suerte, mucha gente abusó de tu gentileza y ahora vives en la marginación. Hoy me acordé de ti y esta noche soñaré contigo.

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