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El pasado viernes 16 de octubre, a eso de las diez de la noche, se conocía la noticia del fallecimiento del locutor y periodista deportivo Andrés Montes. El cadáver fue encontrado por su pareja, llevaba muerto unas diez horas, que tras el macabro descubrimiento avisó al sobrino de Montes, que acudió al domicilio de éste. Este familiar fue el que llamó al 091, el teléfono de emergencias de la policía. Al lugar se desplazaron varios agentes del Cuerpo Nacional de Policía, así como agentes del Grupo V de la sección de Homicidios, que no encontraron nada que hiciera suponer que se hallaban ante una muerte violenta.

A su vez, fue alertado un médico del Servicio de Urgencias Médicas de la Comunidad de Madrid (Summa), que certificó la muerte del locutor. No hubo posibilidad de intentar reanimarlo.

Según los testigos, el cuerpo yacía tumbado en la cama, vestía pijama y había un charco de sangre alrededor (noticia publicada por elmundo.es en un primer momento).

Su compañera sentimental sufrió una crisis de ansiedad de la que tuvo que ser atendida por facultativos, no sin antes pronunciar una misteriosa frase: yo también me quiero matar.

Ha sido esta expresión, junto a los restos de sangre hallados en la cama, unido a la no publicación de los resultados de la autopsia, lo que ha disparado los rumores acerca de la causa de su muerte. A esto hay que añadir la dedicatoria que le enviaba cinco días antes el también periodista deportivo Juan Manuel Gozalo, en los micrófonos de Radio Marca, mediante la que se hacía eco del mal momento anímico de su amigo Andrés.

Por otra parte, todos los medios informativos se han hecho eco de la noticia eludiendo premeditadamente citar la causa de su fallecimiento. Eso sí, nos hemos podido enterar de que Montes era diabético y tenía cuatro bypass en el corazón. ¿Creen ustedes que si el motivo de la muerte hubiese sido un infarto no se hubiera hecho público? En cambio, siempre he oído hablar que cuando una persona pública se suicidaba es cosa habitual tratar de silenciarlo, para evitar lo que se conoce como efecto llamada; esto es, para las personas con problemas psicológicos, que han pensado en el suicidio pero no se atreven a llevarlo a cabo, el hecho de que un personaje popular y reconocido por todos lo haya materializado, les supone un acicate para su propósito.

Un mutismo generalizado que no hace más que intensificar las especulaciones y el daño a sus más próximos. Algo que hasta que no pongan luz y taquígrafos sobre el asunto seguirá sin solución de continuidad.

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